Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El sentido del honor, de modo que implique una vívida conciencia de la valía y la dignidad personales, no podía faltar como característica del samurái, nacido y criado para valorar los deberes y privilegios de su profesión. Aunque el término que hoy día se utiliza habitualmente como traducción de «honor» no se usaba libremente[180], la idea se expresaba mediante términos como na (nombre), men-moku (apariencia), guaibun (oído externo), que nos recuerdan, respectivamente, el uso bíblico de «nombre», la evolución del término «personalidad» a partir de la máscara griega, y de «fama». El buen nombre, la reputación, «la parte inmortal de uno mismo, siendo lo que resta bestial»[181], asumido como algo normal, cualquier vulneración de su integridad se sentía como algo vergonzoso, y el sentimiento de vergüenza (Ren-chi-shin) era uno de los que primero se apreciaba en la educación juvenil. «Se reirán de ti», «Te avergonzará», «¿No sientes vergüenza?» eran los últimos argumentos a los que se recurría para corregir el comportamiento de un joven infractor. Apelar así a su honor tocaba la fibra más sensible del corazón de un niño, como si se hubiera alimentado de honor mientras estaba en el vientre de su madre; pues es cierto que el honor es una influencia prenatal, estrechamente vinculada a una sólida conciencia de familia. «Al perder la solidaridad de las familias —afirma Balzac—, la sociedad ha perdido la fuerza fundamental que Montesquieu denominó “honor”»[182].