Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai En efecto, el sentimiento de vergüenza me parece el primer indicador de la conciencia moral de la especie. El primer y peor castigo que sufrió la humanidad como consecuencia de probar «el fruto del árbol prohibido»[183] fue, a mi entender, no el dolor del parto ni las espinas y cardos, sino el despertar del sentimiento de vergüenza. Pocos incidentes de la historia superan en dramatismo la escena de la primera madre manejando, con senos turgentes y dedos temblorosos, su burda aguja con las pocas hojas de higuera que su decaído marido arrancó para ella[184]. Este primer fruto de desobediencia se aferra a nosotros con una tenacidad sin igual. Toda la ingenuidad sartorial de la humanidad todavía no ha logrado confeccionar un faldón que oculte convenientemente nuestro sentimiento de vergüenza. Ese samurái acertaba al rehusar poner en entredicho su naturaleza por una leve humillación en su juventud; «porque —decía—, el deshonor es como una marca en un árbol, con el tiempo no desaparece, sino que se agranda»[185].
Mencio había enseñado siglos antes, casi con la misma frase, lo que Carlyle ha expresado recientemente, es decir: «La vergüenza es el sustrato de toda virtud, de los buenos modales y la moral íntegra»[186].