Bushido, el código samurai

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En la valoración de los Preceptos[231], a un hombre que sacrificaba su propia conciencia a la voluntad caprichosa o al fanatismo o al deseo de un soberano se le tenía en poca consideración. Alguien así se menospreciaba como nei-shin, un acobardado, que se abre camino mediante un servilismo sin escrúpulos, o chôshin, un preferido que consigue el afecto de su señor mediante una conformidad servil; estos dos tipos de sujetos que se corresponden exactamente con los descritos por Yago —uno, un canalla virtuoso que se arrodilla, que adora la servidumbre obsequiosa, y pasa el tiempo igual que el asno de su señor; el otro, un oportunista que mantiene las apariencias del cumplimiento del deber, pero que en su corazón solo se sirve a sí mismo—.[232] Cuando un súbdito difería de su señor, el camino leal a seguir era utilizar todos los medios a su alcance para convencerle de su error, como Kent hizo con el rey Lear[233]. Al no conseguirlo, deja que el señor obre con él como le parezca. En casos de este tipo, era bastante habitual entre los samuráis que para apelar por última vez a la inteligencia y la conciencia de su señor, demostraran la sinceridad de sus palabras derramando su propia sangre[234].

Como la vida se consideraba como el medio que permitía servir a su señor, y su ideal se basaba en el honor, toda la educación y el entrenamiento de un samurái se llevaban a cabo en consonancia.


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