Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El primer punto que debía observarse en la educación de un caballero era formarse un carácter, dejando en la sombra las facultades más sutiles de la prudencia, la inteligencia, y la dialéctica. Hemos visto lo importantes que resultaban las realizaciones estéticas en su educación. Indispensables como eran para un hombre de cultura, para la educación de un samurái no eran primordiales, sino más bien accesorias. Naturalmente, la superioridad intelectual era apreciada; pero la palabra Chi, que se empleaba para indicar intelectualidad, significaba sensatez en primera instancia, y otorgaba al conocimiento un lugar muy secundario. Se decía que el trípode que soportaba el marco del bushido era Chi, Jin, y Yu, respectivamente, sabiduría, benevolencia y valor. Un samurái era esencialmente un hombre de acción. La ciencia quedaba fuera del alcance de su actividad. La aprovechaban en la medida en que afectaba a su profesión de las armas. La religión y la teología quedaban relegadas a los sacerdotes; se dedicaban a ellas en la medida en que contribuían a acrecentar el valor. Como cierto poeta británico, el samurái creía que «no es el credo el que salva al hombre, sino que es el hombre el que justifica el credo»[235]. La filosofía y la literatura constituían la parte principal de su formación intelectual; pero ni siquiera en la pretensión de estas perseguían la verdad objetiva. La literatura constituía en gran medida un pasatiempo, y la filosofía era una ayuda práctica en la formación del carácter, o en la exposición de algún problema militar o político.