Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai También se ha sugerido que nuestra resistencia al dolor y a la indiferencia a la muerte se deben a unos nervios menos sensibles. Esto es creíble hasta cierto punto. La siguiente pregunta es: ¿por qué nuestros nervios están menos tensados? Quizá nuestro clima no sea tan estimulante como el estadounidense. Puede que nuestra forma de gobierno monárquico no nos exalte tanto como la República a los franceses. Quizá sea porque no leemos el Sastre remendado con tanta pasión como los ingleses. Personalmente, creo que fue nuestro gran fervor y sensibilidad lo que hizo necesario reconocer e imponer una constante autorrepresión; pero, sea cual sea la explicación, si no tiene en cuenta los largos años de disciplina sobre el autocontrol, ninguna puede ser correcta.
La disciplina sobre el autocontrol bien puede llegar demasiado lejos; puede reprimir el curso afable del alma. Puede empujar a las naturalezas dóciles a distorsiones y monstruosidades. Puede engendrar fanatismo, alimentar la hipocresía o entorpecer los sentimientos. Por noble que sea una virtud, siempre tiene su contrapartida y su falsedad. En cada virtud hay que saber hallar su propia excelencia y seguir su ideal positivo, y el ideal del autocontrol es mantener un nivel mental —como dice nuestra expresión— o, tomando prestado un término griego, que alcance el estado de euthymia[267], que Demócrito llamó el ánimo supremo.