Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Dado que suprimir los sentimientos es algo en lo que se insiste de forma constante, estos encuentran su válvula de seguridad en los aforismos poéticos. Un poeta del siglo X escribe[265]: «En Japón y en China, la humanidad, cuando se ve conmovida por la tristeza, habla de su profundo pesar en verso». Una madre que intenta consolar su corazón roto fantaseando con que su hijo fallecido salió a perseguir libélulas, como de costumbre, murmura:
¡Qué lejos en la persecución, imagino,
Ha ido hoy mi cazador de libélulas[266]!
Me abstendré de citar otros ejemplos, porque sé que apenas haría justicia a las preciosas perlas de nuestra literatura; solo pretendía mostrar en una lengua extranjera los pensamientos que se exprimieron gota a gota de corazones sangrantes y se enhebraron con cuentas de un valor excepcional. Espero haber mostrado, en cierta medida, ese funcionamiento interno de nuestras mentes, que a menudo presenta un aspecto de insensibilidad o de histérica mezcla de risa y decepción, y cuya cordura a veces se pone en entredicho.