Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid cinco batallas campales libra y todas las gano.
Grandes fueron las ganancias que le ha dado el Creador, aquí tenéis las señales, la verdad os digo yo.
Estos cien gruesos caballos buenos corredores son, de ricos frenos y sillas todos llevan guarnición, Mío Cid, señor, os ruega que los toméis para vos, que es siempre vuestro vasallo y os tiene por señor”.
Alzó la mano derecha el rey y se santiguó:
“De estas ganancias tan grandes que logró el Campeador, por San Isidro bendito, me alegro de corazón, me alegro de las hazañas que hace el Cid Campeador y recibo estos caballos que me manda en donación”.
Se alegró el rey, pero al conde Garci Ordóñez le pesó:
“Parece que en tierra mora ya no hay hombres de valor cuando tanto hace y deshace Mío Cid Campeador”.
Dijo el rey: “Conde García, no sigáis hablando, no; de todos modos el Cid mejor me sirve que vos”.
Entonces habla Minaya, el esforzado varón:
“Merced os demanda el Cid, que si os place, señor, a su esposa y a sus hijas deis vuestro permiso vos para salir del convento en donde el Cid las dejó e ir a Valencia a juntarse con el Cid Campeador”.
Entonces contesta el rey: “Pláceme de corazón.
Mientras vayan por mis reinos les daré manutención; guárdenlas todos de mal, de ofrenta y de deshonor.