Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Cuando a la frontera lleguen esas damas cuidad vos de servirlas cual se debe, e igual el Campeador.
Ahora, guardias y mesnadas, escuchad con atención: No quiero que pierda nada Mío Cid Campeador, a todos los caballeros que le tienen por señor lo que yo les confisqué hoy se lo devuelvo yo, aunque sigan con el Cid no pierdan su posesión, seguros estén de daño o mal en toda ocasión; esto lo hago por que siempre sirvan bien a su señor”.
Álvar Fáñez de Minaya al rey las manos besó.
Sonriese don Alfonso. ¡Dios, qué hermosamente habló!
“Aquellos que quieran irse con el Cid Campeador venia les doy, váyanse en gracia del Creador.
Más ganaremos con esto que con otro desamor”.
Oíd lo que hablan aparte los infantes de Carrión:
“Mucho cunden las hazañas de este Cid Campeador, en casarnos con sus hijas ganaríamos los dos, pero vergüenza tenemos de decirlo, porque no
es el suyo buen linaje para condes de Carrión”.
A nadie se lo dijeron y así la cosa quedó.
Álvar Fáñez de Minaya del buen rey se despidió.
“¿Os vais ya, Minaya? Id en gracia del Creador.
Un oficial de palacio quiero que vaya con vos.
Si os lleváis a las damas, sírvanlas a su sabor, hasta el confín de Medina las guarde mi protección, desde allí en adelante la del Cid Campeador”.