Cantar de mío Cid

Cantar de mío Cid

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que todos los que le vieron maravillados estaban.

Desde aquel día Babieca fue famoso en toda España.

Al acabar la carrera ya Mío Cid descabalga,

y va adonde su mujer y sus dos hijas estaban.

Al verle doña Jimena a los pies se le arrojaba:

“Merced, Cid, que en buen hora fuiste a ceñirte la espada.

Sacado me habéis, oh Cid, de muchas vergüenzas malas: aquí me tenéis, señor, vuestras hijas me acompañan, para Dios y para vos son buenas y bien criadas”.

A la madre y a las hijas mucho el Cid las abrazaba y del gozo que tenían todos los cuatro lloraban.

Esas mesnadas del Cid muy jubilosas estaban,

jugaban a juegos de armas y tablados derribaban.

Oíd lo que dijo Rodrigo, que en buen hora ciñó espada:

“Vos, doña Jimena mía, querida mujer y honrada, y las dos hijas que son mi corazón y mi alma, en la ciudad de Valencia conmigo haced vuestra entrada, en esta hermosa heredad que para vos fue ganada”.

Allí la madre y las hijas las dos manos le besaban y en medio de grandes honras las tres en Valencia entraban.


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