Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Ve cuánto vale Babieca, de la cabeza hasta el rabo.
La ganancia de aquel día toda por suya ha quedado.
De aquellos cincuenta mil moros que habían contado, no pudieron escaparse nada más que ciento cuatro.
Las mesnadas de Ruy Díaz saquearon todo el campo, entre la plata y el oro recogieron tres mil marcos, y lo demás del botín no podían ni contarlo.
Alegre está Mío Cid, muy alegres sus vasallos
de que Dios les ayudara a aquella victoria en campo.
Después que al rey de Marruecos así hubieron derrotado, dejóse el Cid a Álvar Fáñez de todo aquello cuidando y con sus cien caballeros en Valencia ya se ha entrado.
La cofia lleva caída, el yelmo se lo ha quitado, así entró sobre Babieca y con la espada en la mano.
Recíbenlo allí las damas que le estaban esperando, ante ellas para, tiró de las riendas al caballo: “Ante vos me humillo, damas, gran honor os he ganado, vos me guardabais Valencia y yo vencía en el campo.
Esto Dios lo quiso así, y con Él todos sus santos, cuando por venir vosotras tal ganancia nos han dado.
Ved esta espada sangrienta, ved sudoroso el caballo, es así como se vence a los moros en el campo.
Rogad a Dios que os viva todavía algunos años
y muchos os besarán, en vasallaje las manos”.
Esto dijo Mío Cid, luego bajo del caballo.