Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Cuando ya estuvo en el suelo y le ven descabalgado, las damas y las dos niñas, la esposa que vale tanto, ante el Cid Campeador las dos rodillas hincaron.
Vuestras somos y Dios quiera que aún nos viváis muchos años”.
Volvieron con él las damas y entran todos en palacio.
Con el Cid van a sentarse en muy preciosos escaños:
“Mi mujer doña Jimena, ya que así lo habéis rogado a las damas que trajisteis y os han servido tanto quiero casar con algunos de estos mis buenos vasallos; a cada una de ellas le daré doscientos marcos y que sepan en Castilla que sirvieron a buen amo.
De casar a vuestras hijas ya se hablará más despacio”.
Allí todas se levantan, van a besarle las manos y una alegría muy grande corrió por todo el palacio.
Tal como lo dijo el Cid así lo llevan a cabo.
El buen Minaya Álvar Fáñez seguía afuera en el campo con los hombres que reparten, escribiendo y recontando: de tiendas y ricas armas y de vestidos preciados no se puede ni pensar los muchos que se encontraron.