Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Ahora quisiera deciros del botín lo mas granado: y es que no pueden ni echar cuenta de tantos caballos que andan con ricos arreos y no hay quien quiera tomarlos; los moros de aquella tierra se sacaron también algo; y además de todo esto a Mío Cid bienhadado de los mejores que cogen le tocaron mil caballos.
Cuando al partir la ganancia al Cid le tocaron tantos es que los demás quedaban, también ellos, bien pagados.
¡Y qué de tiendas lujosas con postes bien trabajados se sacaron del botín Mío Cid y sus vasallos!
La tienda del rey de moros, la más rica que encontraron, dos postes la sostenían que de oro están labrados.
Mío Cid Campeador a todos los ha mandado
que allí la dejen plantada y no la toque cristiano:
“Tal tienda que como ésta de Marruecos ha pasado enviarla quiero al rey don Alfonso el Castellano.
Así verá que es muy cierto que el Cid va medrando algo”.
Todas aquellas riquezas en Valencia las entraron.
El obispo don Jerónimo, sacerdote muy honrado, cuando acabo de lidiar con los moros a dos manos, no podía echar la cuenta de tantos como ha matado.
Botín de mucha valía le tocara en el reparto
y a más el Cid Don Rodrigo de Vivar, el bienhadado, de la quinta parte suya el diezmo le ha regalado.