Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Presentación de los infantes Minaya entrega las esposas a los infantes Bendiciones y misa Fiestas durante quince días
Las bodas acaban, regalos a los convidados
El juglar se despide de sus oyentes
Entonces se comenzó a adornar todo el palacio, los suelos y las paredes con tapices los taparon, telas de púrpura y seda y muchos paños preciados.
¡Cuánto gusto os daría comer en aquel palacio!
Los caballeros del Cid todos se fueron juntando.
Van entonces a buscar a don Diego y don Fernando: ya cabalgan los infantes, caminan para palacio con muy buenas vestiduras, ricamente ataviados.
¡Qué bien y con qué humildad e el alcázar entraron!
Los recibe Mío Cid, con el todo sus vasallos.
Al Cid y a doña Jimena los infantes saludaron; luego fueron a sentarse en un magnífico escaño.
Todos los de Mío Cid, prudentes y mesurados,
tenían puesta la vista en su señor bienhadado.
El Campeador Ruy Díaz entonces se ha levantado:
“Ya que tenemos que hacerlo, no hay para qué retardarlo: venid acá, buen Minaya, a quien tanto quiero y amo, aquí tenéis mis dos hijas, póngolas en vuestras manos.
