Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Sabéis que con don Alfonso en hacerlo así quedamos, en nada quiero faltar a lo que está concertado: dárselas a los infantes de Carrión con vuestras manos, que la bendición reciban y esto se vaya acabando”.
Álvar Fáñez contestó: “Yo lo haré de muy buen grado”.
Las dos se ponen en pie, él las cogió de la mano, y a los de Carrión, Minaya así entonces les va hablando: “Ante Álvar Fáñez estáis presentes los dos hermanos; por mano del rey Alfonso, que me lo tiene mandado, estas damas os entrego -y son las dos hijasdalgo-, tomadlas vos por mujeres para honra y bien de los cuatro”.
Recíbenlas los infantes de corazón y buen grado, al Cid y a doña Jimena les van a besar la mano.
Cuando hubieron hecho esto se salieron del palacio, todos a Santa María de prisa se encaminaron.
El obispo don Jerónimo revistióse apresurado
y en la puerta de la iglesia ya los estaba esperando, bendiciones les echó, la misa les ha cantado.
Cuando salen de la iglesia cabalgan a muy buen paso, al arenal de Valencia todos los del Cid marcharon.
¡Dios, qué bien que juegan armas Ruy Díaz y sus vasallos!
El que en buenhora nació tres veces mudó el caballo.
Satisfecho se halla el Cid de lo que estaba mirando.
Buenos jinetes allí los de Carrión se mostraron.