Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Con las damas se volvieron y ya en Valencia han entrado, muy ricas bodas se hacen en el hermoso palacio.
Al otro día el Cid manda que planten siete tablados y, antes de comer, las tablas de los siete derribaron.
Quince días bien cumplidos aquellas bodas duraron y al cabo de ellas empiezan a marcharse los hidalgos.
Ruy Díaz el de Vivar, Mío Cid el bienhadado,
entre mulas, palafrenes y corredores caballos
lo menos un centenar de bestias ha regalado
y además muchos vestidos y ricas pieles y mantos, y dinero de oro y plata que no es posible contarlo.
También se ponen de acuerdo de Mío Cid los vasallos y a todos los invitados hicieron buenos regalos.
Al que algo quiere llevarse bien que le llenan las manos; ricos vuelven a Castilla los que a las bodas llegaron.
Ya todos aquellos huéspedes de Valencia van marchando, despídense de Ruy Díaz, Mío Cid el bienhadado, despídense de las damas y de todos los hidalgos, muy satisfechos se marchan del Cid y de sus vasallos.
Agradecidos hablaban de lo bien que les trataron.
También están muy alegres don Diego y don Fernando, los infantes de Carrión, hijos del conde Gonzalo.
Ya han regresado a Castilla los huéspedes invitados, Mío Cid y sus dos yernos en Valencia se han quedado.
Allí moran los infantes muy cerca de los dos años, en Valencia todo el mundo hacíales agasajos.