Cantar de mĂo Cid
Cantar de mĂo Cid Dijo MartĂn AntolĂnez: âNo tengo ningĂșn reparo, venid conmigo, que sepa el Cid lo que se ha ajustado y, como es justo, despuĂ©s nosotros os ayudamos a traer aquĂ las arcas y ponerlas a resguardo, con tal sigilo que en Burgos no se entere ser humanoâ.
Dijeron Raquel y Vidas: âConformes los dos estamos.
En cuanto traigan las arcas tendrĂ©is los seiscientos marcosâ.
El buen MartĂn AntolĂnez muy de prisa ha cabalgado, van con Ă©l Raquel y Vidas, tan satisfechos del trato.
No quieren pasar el puente, por el agua atravesaron para que no lo supiera en Burgos ningĂșn cristiano.
AquĂ veis cĂłmo a la tienda del famoso Cid llegaron; al entrar fueron los dos a besar al Cid las manos.
SonriĂłse MĂo Cid, y asĂ comenzara a hablarlos:
âSĂ, don Raquel y don Vidas, ya me habĂais olvidado.
Yo me marcho de Castilla porque el rey me ha desterrado.
De aquello que yo ganare habrĂĄ de tocaros algo, y nada os faltarĂĄ, mientras que vivĂĄis, a ambosâ.
Entonces Raquel y Vidas van besarles las manos.
MartĂn AntolĂnez tiene el trato bien ajustado