Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Pedro Bermúdez, que iba junto a él, cuando vio aquello fue a atacar el moro, luchó con él y le mató. Luego cogió el caballo del moro y se fue tras el infante que iba huyendo, y díjole: “Don Fernando, tomad este caballo y decid a todos que vos matasteis al moro, su dueño, y yo lo atestiguaré.”
El infante le dijo: “Don Pedro, mucho os agradezco lo que decís.”
“Ojalá llegue algún día en que esto pueda ser pagado.”
Allí el infante y don Pedro los dos juntos se tornaron.
Don Pedro dice que es cierto lo que cuenta don Fernando.
Mucho le ha gustado el Cid y también a sus vasallos.
“Todavía creo yo, si quiere el que está en lo alto, que luchando en campo abierto mis dos yernos serán bravos”.
Así hablaba el Cid, y mientras las fuerzas se iban juntando y en las huestes de los moros los tambores van sonando; por maravilla lo tienen muchos que aquellos cristianos que nunca vieran tambores porque son recién llegados.