Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid El moro se torna a Molina, presintiendo la desgracia de las hijas del Cid Los viajeros entran en el reino de Castilla Duermen en el robledo de Corpes
A la mañana quédanse solos los infantes con sus mujeres y se preparan a maltratarlas.
Ruegos inútiles de doña Sol
Crueldad de los infantes
“Decidme: ¿qué os he hecho, infantes de Carrión?
Yo sin malicia os sirvo, vos tramáis mi perdición.
De vosotros me separo, gente mala y de traición.
Con vuestro permiso marcho, doña Elvira y doña Sol, poco me importa la fama de infantes de Carrión.
Quiera Dios, y así lo mande, Él que de todo es Señor, que de estas bodas resulte contento el Campeador.”
Esto les ha dicho el moro y para atrás se tornó.
Iban jugando las armas cuando pasan el Jalón,
como hombre de buen seso a Molina se volvió.
Ya se marchan de Ansarera los infantes de Carrión, de día y de noche andan, no se dan descanso, no, dejan a la izquierda Atienza, un fortísimo peñón, ya la gran sierra de Miedes detrás de ellos se quedó y por esos montes Claros cabalgan más y mejor.
A un lado dejan a Griza, la que Álamos pobló,
y las cuevas donde a Elfa este Álamos encerró.
