Cantar de mío Cid

Cantar de mío Cid

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San Esteban de Gormaz allá a la diestra se vio.

En el robledal de Corpes entraron los de Carrión, las ramas tocan las nubes, muy altos los montes son y muchas bestias feroces rondaban alrededor.

Con una fuente se encuentran y un pradillo de verdor.

Mandaron plantar las tiendas los infantes de Carrión y esa noche en aquel sitio todo el mundo descansó.

Con sus mujeres en brazos señas les dieron de amor.

¡Pero qué mal se lo cumplen en cuanto que sale el sol!

Mandan cargar las acémilas con su rica cargazón, mandan plegar esa tienda que anoche los albergó.

Sigan todos adelante, que luego irán ellos dos: esto es lo que mandaron los infantes de Carrión.

No se quede nadie atrás, sea mujer o varón,

menos las esposas de ellos, doña Elvira y doña Sol, porque quieren solazarse con ellas a su sabor.

Quédanse solos los cuatro, todo el mundo se marchó.

Tanta maldad meditaron los infantes de Carrión.

“Escuchadnos bien, esposas, doña Elvira y doña Sol: vais a ser escarnecidas en estos montes las dos, nos marcharemos dejándoos aquí a vosotras, y no tendréis parte en nuestras tierras del condado de Carrión.

Luego con estas noticias irán al Campeador

y quedaremos vengados por aquello del león.”


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