Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Minaya y sus primas parten de San Esteban
El Cid sale a recibirlos
Álvar Fáñez y las damas llorando los tres están.
Entonces Pedro Bermúdez así les empieza a hablar:
“Doña Elvira y doña Sol, no tengáis cuidado ya, sanas y vivas estáis y libres de todo mal, si buena boda perdisteis, mejor la podréis ganar.
Ya ha de venir algún día que os podamos vengar”.
Esa noche descansaron, que alegres de verse están; otro día de mañana empiezan a cabalgar.
Aquellos varones de San Esteban de Gormaz
a despedirlos salieron y entreteniéndolos van
hasta Río Amor; de allí se volvieron para atrás.
Minaya con las dos damas su camino seguirá.
La Alcoceba cruzan, dejan a la derecha Gormaz
y luego por donde dicen Vadorrey van a pasar;
en el pueblo de Berlanga se quedan a descansar, otro día de mañana echaron de nuevo a andar.
En Medina se pararon esa noche a reposar
y a otro día hasta Molina en una jornada van.
El buen moro Abengalbón alégrase de verdad
y a recibirlos salía de muy buena voluntad.
Por amor de Mío Cid una gran cena les da.
Y de aquí para Valencia en derechura se van.