Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Por esto el Cid os suplica como vasallo a señor que a juntas, cortes o vistas llaméis a los de Carrión, que si afrentado está él vuestra afrenta es aún mayor.
Que toméis parte en ese duelo desea el Campeador y que le den los infantes debida reparación”.
Muy callado y pensativo un rato el rey se quedó:
“Verdad te digo que esto pésame de corazón en eso que tú me has dicho veo que tienes razón; yo fui quien casó a sus hijas con infantes de Carrión, por su provecho lo hice, que su bien quería yo.
¡Ojalá que tales bodas no se hicieran nunca, no!
Tanto como Mío Cid pésame de corazón,
les mantendré en su derecho, por que así me valga Dios.
Nunca había yo creído que le hicieran tal acción.
Que corran mis pregoneros por mis reinos mando yo, que en la ciudad de Toledo convoquen a reunión de cortes, y a todos llamen, al conde y al infanzón; allí mandaré que acudan los infantes de Carrión y que justicia le hagan a Mío Cid Campeador.
No ha de quedar resentido si puedo evitarlo yo”.