Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid De todos aquellos reinos fue mucho sabio varón, de las tierras de Castilla se encuentra allí lo mejor.
Allí está el conde García, al cual Crespo de Grañón llaman todos, Álvar Díaz, ese que en Oca mandó, Azur González, Gonzalo Ansúrez el de León, y Pero Ansúrez, parientes todos de los de Carrión.
Diego y Fernando en Toledo estaban también los dos con un gran bando de gente que allí les acompañó; maltratar a Mío Cid era su mala intención.
De todas partes del reino mucha gente se juntó, pero aún no había llegado el que en buenhora nació y aquella tardanza al rey le tiene de mal humor.
Al quinto día por fin a la corte el Cid llegó; a Álvar Fáñez de Minaya adelantarse mandó para que bese las manos en su nombre a su señor y le diga que esa noche llegará el Campeador.
Cuando lo oye don Alfonso se alegra de corazón, con un buen golpe de gente el monarca cabalgó y ha salido a recibir al que en buenhora nació.
Los atavíos del Cid y los suyos ricos son
y el séquito que traía es digno de tal señor.
En cuanto divisa al rey de Castilla y de León
de su caballo se apea Mío Cid Campeador,
ante el rey quiere humillarse y honrarle como señor.
Don Alfonso, que lo ve, en seguida le atajó: