Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Los cabellos con un lienzo de hilo fino se cubrió, tejido estaba con oro, hecho con mucho primor: así quiere defenderse el pelo el Campeador; larga tenía la barba, se la ató con un cordón, para que nadie le ofenda tomaba esa precaución.
Cubierto va con un manto que era de mucho valor, a todos los que lo vean les causará admiración.
Con esos cien caballeros que prepararse mandó
cabalga el Cid; del castillo de San Servando salió.
Así va para las cortes aquel buen Campeador.
Del caballo se ha apeado allí en la puerta exterior; el Cid con todos los suyos con gran dignidad entró, él iba en medio de todos y los ciento alrededor.
Al ver entrar en la corte al que en buenhora nació, el rey Alfonso, que estaba sentado, se levantó; y aquel conde don Enrique y aquel conde don Ramón y los demás de la corte hacen como su señor, con gran honra recibieron al que en buenhora nació.
No se quiso levantar ese conde de Grañón
ni aquellos otros que forman el partido de Carrión.
Al Cid el rey don Alfonso de las manos le cogió
“Sentáos aquí conmigo, Ruy Díaz Campeador, aquí en este mismo escaño de que vos me hicisteis don, aunque a algunos pese, más que nosotros valéis vos”.
Gracias le da muy rendidas el que Valencia ganó: