Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid y veremos qué responden los infantes de Carrión”.
El Cid besa al rey la mano y luego se levantó:
“Mucho que os agradezco, como a mi rey y señor, que por amor hacia mí a cortes llamarais vos.
He aquí lo que pido a los infantes de Carrión: porque a mis hijas dejaron no siento yo deshonor, el rey verá lo que hace, que es el rey quien las casó; pero al llevárselas ellos de Valencia la mayor, como quería a mis yernos con alma y con corazón les di Colada y Tizona, mis espadas, esas dos espadas que yo gané como las gana un varón,
porque con ellas se honrasen y os sirviesen a vos.
A mis hijas las dejaron en el robledal; si no
querían ya de lo mío y si perdieron mi amor,
que me vuelvan las espadas, que yernos míos no son.
Dicen entonces los jueces: “Está muy puesto en razón”.
Dijo el conde don García: “Démosle contestación”.
A hablar fueron en secreto los infantes de Carrión con sus parientes y el bando que allí les acompañó.
A toda prisa lo tratan, deciden ya una razón:
“Por sus hijas no nos pide cuentas el Campeador, lo tenemos que tomar esto como gran favor.
Si ahí acaba su demanda podemos darle las dos