Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Entonces contesta el rey: “Dios os dé buen galardón.
Ojarra, Ínigo Jiménez, escuchadme bien los dos: en honrado casamiento ahora os otorgo yo las hijas de Mío Cid, doña Elvira y doña Sol,
para aquellos dos infantes de Navarra y Aragón, que sus mujeres legítimas las hagan con todo honor”.
Allí Ojarra se levanta, la mano del rey besó,
Íñigo Jiménez hace lo mismo, y luego los dos
besaron las de Rodrigo Díaz el Campeador.
Ya están hechas las promesas, juramentos dados son de que todo se ha de hacer cual se ha dicho o aún mejor.
De los que había en la corte mucha gente se alegró, pero no estaban contentos los infantes de Carrión.
El buen Minaya Álvar Fáñez entonces se levantó:
“Merced yo os pido ahora, como a mi rey y señor.
Y no le pese que hable a Mío Cid Campeador,
que en estas cortes a todos he oído decir su razón, y ahora quisiera decir ésta que he pensado yo”.
A eso le contesta el rey: “Pláceme de corazón, ya podéis hablar, Minaya, lo que os cuadre mejor”.
“A la corte yo le pido que me oiga con atención: muy gran queja tengo de los infantes de Carrión.