Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Apenas han acabado de hablar de aquella cuestión entraron dos caballeros, toda la corte los vio: Ojarra, Íñigo Jiménez son los nombres de los dos.
El infante de Navarra al primero le envió,
el otro era un enviado del infante de Aragón.
Besan las manos al rey de Castilla y de León,
y en nombre de los infantes pídenle al Campeador sus hijas para ser reinas en Navarra y Aragón, por esposas las querían, tiénenlo por gran honor.
Cuando acabaron, la corte escuchando se quedó.
Allí entonces se levanta Mío Cid Campeador:
“Merced, merced, rey Alfonso, vos sois mi rey y señor.
Esto que ahora pasa mucho lo agradezco al Creador, que a mis hijas me las pidan de Navarra y de Aragón.
Vos, rey Alfonso, a mis hijas las casasteis, que yo no, en vuestras manos, oh rey, vuelvo a poner a las dos; sin vuestro mandato, rey honrado, nada haré yo”.
Se levanta el rey y a todos que se callaran mandó.
“Os ruego, Cid de Vivar, prudente Campeador, que aceptéis el casamiento y quiero otorgarlo yo.
Que queden en estas cortes arregladas ya las dos bodas, que os han de dar, Mío Cid tierra y honor”.
Levantóse Mío Cid, al rey las manos besó:
“Si a vos os agrada así, yo lo concedo, señor”.