Cantar de mío Cid

Cantar de mío Cid

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15

Los monjes de Cardeña reciben al Cid.

Jimena y sus hijas llegan ante el desterrado.

 

A la puerta llaman; todos saben que el Cid ha llegado.

¡Dios, qué alegre que se ha puesto ese buen abad don Sancho!

Con luces y con candelas los monjes salen al patio.

“Gracias a Dios, Mío Cid, le dijo el abad don Sancho, puesto que os tengo aquí, por mí seréis hospedado.”

Esto le contesta entonces Mío Cid el bienhadado:

“Contento, de vos estoy y agradecido, don Sancho, prepararé la comida mía y la de mis vasallos.

Hoy que salgo de esta tierra os daré cincuenta marcos, si Dios me concede vida os he de dar otro tanto.

No quiero que el monasterio por mí sufra ningún gasto.

Para mi esposa Jimena os entrego aquí cien marcos; a ella, a sus hijas y damas podréis servir este año.

Dos hijas niñas os dejo, tomadlas a vuestro amparo.

A vos os las encomiendo en mi ausencia, abad don Sancho, en ellas y en mi mujer ponedme todo cuidado.

Si ese dinero se acaba o si os faltare algo,

dadles lo que necesiten, abad, así os lo mando.

Por un marco que gastéis, asl conveto daré cuatro.”


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