Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid entonces el rey Alfonso a verlos bien se acercó; oiréis lo que dicen a don Alfonso, el de León: “Os pedimos al besaros la mano, rey y señor, que entre nosotros y ellos el fiel juez lo seáis vos, valednos si es en derecho, pero si es injusto, no.
Aquí tienen su partido los infantes de Carrión, quien sabe si habrán pensado alguna maquinación.
En vuestras manos, oh rey, nos puso nuestro señor, defendednos en justicia por amor del Creador”.
Dijo el rey: “Así lo haré con alma y con corazón”.
Trae los caballos, muy buenos y corredores que son, las sillas las santiguar, por que los ayude Dios, al cuello llevan escudos con dorada guarnición en el centro; empuñan lanzas de buen hierro tajador, las tres lanzas que sacaron todas llevan su pendón.
Muchos buenos caballeros andan allí alrededor.
Salen al campo que con mojones se señaló.
Estaban ya convenidos los tres del Campeador,
cada cual a un enemigo para atacarle escogió.
Estaban al otro lado los infantes de Carrión;
iban bien acompañados, que mucha familia son.
Nombra el rey jueces que digan lo que es justo y lo que no, con los que luchan les manda que no tengan discusión.
Cuando estaban en el campo, el rey don Alfonso habló: