Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Al abad don Sancho vuelve de nuevo a recomendar que atienda a doña Jimena y a las damas que allí están, a las dos hijas del Cid que en San Pedro han de quedar; sepa el abad que por ello buen premio recibirá.
Ya don Sancho se volvía, Álvar Fáñez le fue a hablar:
“Si veis venir a más gente para buscarnos, abad, les diréis que el rastro sigan y marchen a buen andar, sea en yermo o en poblado ya nos podrán alcanzar”.
Sueltan entonces las riendas, empiezan a cabalgar, que el plazo para salir iba acabándose ya.
Mio Cid aquella noche duerme en Espinaz de Can; de todas partes guerreros se le vienen a juntar.
Otro día de mañana empiezan a cabalgar.
De su tierra va saliendo el Campeador leal,
San Esteban deja a un lado, aquella buena ciudad.
Por Alcubilla pasó, Castila se acaba ya,
la calzada de Quinea luego hubieron de pasar,
por Navas de Palos van el río Duero a cruzar
y el Cid en la Figueruela descanso manda tomar.
De todas partes guerreros se le vienen a juntar.