Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid “Conde, si no coméis bien como os tengo mandado, aún os quedaréis conmigo, no habremos de separarnos”.
Dijo el conde: “Comeré, Mío Cid, de muy buen grado”.
Él y los dos caballeros, a comer se apresuraron; contento se pone el Cid, que allí los está mirando, de ver que el conde Ramón trabajo daba a las manos.
“Cid, si así lo permitís, ya quisiéramos marcharnos a prisa cabalgaremos si nos dan nuestros caballos; desde el día que fui conde no comí tan de buen grado, el sabor de esta comida de mí no será olvidado”.
Tres palafrenes le dieron, los tres muy bien ensillados, danles buenas vestiduras, ricas pieles, ricos mantos.
Entre los dos caballeros el conde se ha colocado.
Hasta el fin del campamento con ellos va el Castellano:
“Ya os vais, conde Ramón, franco os vais, pues sois franco, agradecido os quedo por lo que me habéis dejado.
Si acaso os da la idea, conde, de querer vengarlo y me venís a buscar, mandadme antes un recado: o me llevaré lo vuestro o vos de lo mío algo”.
“Quedáos tranquilo, Cid, de ese peligro estáis salvo; eso por pago lo dejo por lo que queda de año.