Cantar de Valtario
Cantar de Valtario —¡Por los dioses del cielo te ruego que depongas ese furor y expulses de tu ánimo la ira que por mi culpa te inflama! Si conservo la vida y regresamos juntos a casa, cancelaré mi deuda contigo con beneficios innumerables. Después de la muerte de tantos amigos y parientes, ¿no te da vergüenza ocultar tu hombrÃa? Por lo que veo, las palabras te encolerizan más que los nefandos hechos. Más justo serÃa que guardases tu indignación para el feroz tirano que ha cubierto hoy de infamia, él solo, al caudillo más grande del mundo. No es poco el daño recibido por la matanza de nuestros guerreros, pero un deshonor tal no podrá Francia superarlo jamás. Todos aquellos que nos admiraban nos despreciarán ahora diciendo: «Todo un ejército de Francos ha sucumbido a manos, ¡oh vergüenza!, de un solo hombre, y ni siquiera sabemos quién es».
Vacilaba aún Haganón, pues sopesaba en su corazón la lealtad jurada tantas veces a Valtario y dudaba del éxito de la batalla tal y como se habÃan desarrollado los acontecimientos. Por su parte, el infeliz rey no se rendÃa e insistÃa en sus ruegos. Vencido al fin por las súplicas de Guntario, Haganón enrojeció de vergüenza en presencia de su señor, pensando que su prestigio y su reputación de héroe se derrumbarÃan si, en tan difÃcil situación, se abstuviese de combatir. Rompió, pues, el silencio y, con voz clara y firme, le dijo: