Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El emperador le preguntó qué era el país de las Nubes de la Fortuna. Lucero le respondió: «Allí hay un gran pantano. La gente profetiza, basándose en el aire y en las nubes, la fortuna o el infortunio. Si a una casa le ronda la buena fortuna, se forman en las habitaciones nubes de cinco colores, que se arrastran sobre el césped y pasan por debajo de los árboles para convertirse en rocío de colores. Este rocío exhala un olor dulce como el mosto».
El emperador preguntó si era posible obtener aquel rocío. Lucero le respondió: «En mi caballo puedo ir allí cuatro veces por día».
Y, ciertamente, por la noche estaba de vuelta y traía rocío de todos los colores en una botella de cristal. El emperador lo bebió y sus cabellos volvieron a ser negros. Les dio a beber a sus ministros más importantes y volvieron a ser jóvenes los viejos y a sanar los enfermos.
En una ocasión apareció una corneta en el cielo. Lucero le dio al emperador una madera de astrólogo en las estrellas. El emperador señaló con la madera el corneta y éste desapareció.
Lucero sabía silbar muy bien. Siempre que emitía silbidos largos y de tonos redondeados, los rayos del sol bailaban a su compás.
Un día le dijo a un amigo: «Ningún hombre sabe quién soy, sólo el astrólogo».