Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Al principio no le reconoció; pero cuando le miró con mayor atención se dio cuenta de que era el viejo Dschang. Él le dijo sonriendo; «Me alegro de que el largo camino no te haya apartado de tu propósito. Tu hermana se está peinando. Enseguida vendrá a recibirte». Luego le invitó a tomar asiento y le ofreció un té.
Tras un corto momento apareció una sirvienta y le condujo a las habitaciones interiores en que estaba su hermana. Las vigas de la habitación eran de sándalo y las puertas, de carey; las ventanas estaban decoradas con jade blanco, las cortinas eran de hilos de perlas y los escalones de nefrito verde. Su hermana estaba maravillosamente vestida y aún mucho más hermosa que antes. Ella le preguntó por encima que cómo estaba y qué hacían sus padres, pero no fue especialmente cariñosa. Tras haber comido una estupenda comida, le prepararon una habitación.
«Mi hermana quiere ir de excursión con tu hermana a la montaña de las Hadas —le dijo Dschang—. A la caída del sol estaremos de vuelta. Tú puedes descansar aquí mientras tanto».
Se levantaron nubes de colores en el patio y se oía una música encantadora. El viejo Dschang se montó en un dragón, su mujer y su hermana montaban en aves fénix, el cortejo iba en grullas. Se alzaron por los aires y desaparecieron en dirección hacia el este. No volvieron hasta que se hubo puesto el sol.