Cuentos Chinos

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Luego estaba el infierno del hambre: allí languidecían los duros de corazón con los pobres, que sólo se habían preocupado por ellos mismos.

En este infierno había entrado una vez el sacerdote budista Mulián para liberar a su madre. Su madre estaba en aquel infierno, pero Mulián había logrado convertirse en Buda por sus buenas obras, por eso se dirigió al mundo inferior para liberar a su madre. Rompió la entrada del infierno con su bastón de hierro y se fue con su madre al Cielo del Oeste. Con ellos se llevaron las almas de tres mil hambrientos que volvieron a nacer en el mundo superior. Ellos favorecieron entonces que la dinastía Tang tocara a su fin.

Luego, Hu Di fue conducido al infierno de los recipientes de sangre. Allí había recipientes grandes y pequeños, llenos de agua sangrienta, y un gran número de mujeres que lloraban y se lamentaban.






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