Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El funcionario le respondió: «Lloro por los problemas del pueblo». Luego, Dschou Tschu le miró y se echó a reír a carcajadas.
«Os equivocáis, amigo —le respondió—. Hay menos movimiento que en el agua de una cacerola puesta en el suelo. En este rincón se está tranquilo y en paz. La cosecha es rica y las espigas han granado bien, así que todo el mundo va contento a su trabajo. Si me habláis de desgracia os parecéis al hombre que gime sin estar enfermo. ¿Quién sois vos, que, en vez de quejaros por vos mismo, os quejáis por otra gente y qué estáis haciendo delante de mi puerta?».
«Soy el nuevo gobernador —le contestó el otro—. Nada más bajar del palanquín me he puesto a visitar los alrededores. El lugar me pareció bueno y sin problemas, y todo el mundo tiene lo necesario para vestirse y para comer. Todo es como me habéis dicho, pero curiosamente, cuando los ancianos se reúnen, no hacen más que gemir y quejarse. Cuando se Ies pregunta la razón de ello, dicen: “En nuestro hogar tenemos tres males”. De los dos primeros os daré razón; pero el tercero prefiero callármelo. Por eso lloro ante vuestra puerta».
«¿Y cuáles son esos males? —repuso Dschou Tschu—. ¡Decidme libre y abiertamente todo lo que sabéis!».