Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Luego se dirigió al puente ancho. Se quitó la ropa y cogió la espada en una mano. Se metió en el agua. Apenas había entrado, cuando empezó a espumear y a burbujear, y las olas se estrellaban con un estrépito de espuma. Sonaba como si fueran caballos al galope. Tras un tiempo surgió un chorro de sangre de las profundidades y toda el agua se volvió roja. Entonces salió del agua Dschou Tschu con el dragón en la mano.
Fue a informar al gobernador con una reverencia: «Le he cortado la cabeza al dragón y he vencido al tigre. He cumplido lo que ofrecí. Ahora me voy a poner en camino para que os veáis libre de la tercera desgracia. Señor, cuidad de mi tierra y decid a los ancianos que ya no se quejen».
Y cuando se lo hubo dicho, se enroló con los soldados. Se hizo un gran renombre en la lucha contra los ladrones y, cuando en una ocasión un ladrón le hirió tan gravemente que se vio sin salvación, se volvió hacia el este y dijo: «Me ha llegado el día en que tengo que pagar mis culpas con la vida». Luego ofreció el cuello a su espada y murió.