Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Habían pasado dos años y el joven ya no pensaba en peligro alguno. Cuando los capullos florecían en primavera, condujo a Amanecer en un pequeño palanquín hacia el río. Fue descubierta por un criado del príncipe, el cual informó a su señor. El joven tuvo que ir a verle. Como no podía ocultar los hechos, le contó toda la verdad.
El príncipe le dijo: «Toda la culpa es de Amanecer. A vos no os hecho nada en cara. Y como ahora es vuestra esposa, tampoco quiero hacerle nada. El único que tiene que pagar la culpa es Molo».
Entonces ordenó a cien guerreros armados con arcos y espadas que rodearan la casa del joven y que, pasara lo que pasara, cogieran prisionero a Molo. Molo cogió su puñal y voló por encima del muro. Miró a su alrededor como hacen los halcones. Las flechas llegaban en una nube tan compacta como si fueran gotas de lluvia, pero ninguna le dio. En un instante desapareció y nadie supo adónde fue.
Después de más de diez años, alguna gente de su señor le vio en el sur comprando medicinas. Seguía pareciendo igual de joven que antes.