Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Cuando llegó el día del parto, se fingió enferma para que el ladrón no se acercara a ella, y dio a luz un hijo. Los sirvientes eran fieles servidores del ladrón, por eso ella temió que el asunto fuera hecho público.
Bajo la torre había un pequeño lago. Del lago nacía un arroyo que, atravesando los muros, iba a desembocar al Yangtse. Cogió un cestillo de bambú, cerró las aberturas y colocó al niñito dentro. Luego se cortó un dedo y escribió con su sangre la hora y el día del nacimiento en una cinta de seda; añadió que cuando el muchacho tuviera doce años, vendría a salvarla. Luego anudó la cinta de seda en torno al dedo que se había cortado, y la puso junto al niño en el cesto. Por la noche, cuando no había nadie en los caminos, dejó el canasto en el arroyo. Flotó siguiendo la corriente hasta llegar al Yangtsekiang. Siguió en el río hasta llegar al monasterio de la Montaña de Oro, que estaba construido en una isla en mitad del río. Allí lo encontró un sacerdote, que había ido a recoger agua. Lo pescó y se lo llevó al monasterio.
Cuando el abad vio la cinta escrita con sangre, ordenó a los sacerdotes y a los discípulos que no hablaran de ello con nadie y se llevó al niño al monasterio.