Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Aquel día estaba él ausente por asuntos de su cargo. La mujer estaba en la casa y, cuando oyó golpear tan fuertemente el llamador de la puerta y escuchó las palabras de liberación, sintió que le hablaba la voz del corazón. Ordenó a una de las sirvientas que llamara al sacerdote. Éste entró por la puerta de atrás. Apenas ella le vio, se dio cuenta de que se parecía a su padre rasgo por rasgo, y no pudo contenerse más¡le brotaron lágrimas como si fueran manantiales! El monje de Yangtsekiang se dio cuenta de que ella era su madre. Cogió la carta escrita con sangre y se la entregó.
Ella le acarició y le dijo llorando: «Mi padre es un funcionario importante que se ha retirado de los negocios y que vive en la capital. Yo no pude escribirle, porque este ladrón me ha tenido duramente encerrada. Por eso he pasado mi vida esperando a que llegaras. Ahora date prisa en ir a la capital y venga a tu padre, con lo cual la muerte no me supondrá ninguna pena; pero tienes que darte prisa para que nadie se entere».
Y allí se dirigió rápidamente el monje.
Primero volvió al monasterio para despedirse del abad y luego se fue a la gran ciudad de Sianfu.
En aquella época ya había muerto su abuelo, pero todavía vivía un tío, que era conocido en la corte. Reunió a los soldados y mató al ladrón, pero la madre ya se había ahorcado.