Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Había una vez diez labradores que iban juntos por el campo. Se vieron sorprendidos por una tormenta y se refugiaron en un templo semiderruido. Los truenos cada vez se oían más cercanos y el fragor era tal, que hacía vacilar la luz a su alrededor. Un rayo zigzagueante cayó a continuación en los alrededores del templo y los campesinos se asustaron tanto que pensaron que todo aquello sucedía porque había un pecador entre ellos, al que quería fulminar el trueno. Para saber quién era, acordaron colgar sus sombreros de paja delante de la puerta. Aquél a quien le desapareciera el sombrero, sería el que la suerte había designado.
Apenas acababan de dejar sus sombreros fuera, cuando uno desapareció, y los que no habían perdido el sombrero sacaron sin compasión alguna al desgraciado. Cuando se hubo alejado del templo, oyó un relámpago que hacía eses y que cayó con una fuerza retumbadora.
Aquél a quien habían echado fue el único justo al que perdonó el rayo que cayó en la casa. Los nueve restantes pagaron con la vida su dureza de corazón.
