Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El muchacho tuvo miedo entonces; porque el padre era inconmovible y duro, y a menudo le había pegado hasta dejarle medio muerto. En medio de la ofuscación, tomó opio para envenenarse. Lo metieron en un ataúd y lo pasearon y lo enterraron provisionalmente delante del pueblo.
Cuando le dieron la noticia a su padre, se hizo el propósito de volver al día siguiente a su hogar. La segunda noche de vela, el hijo se presentó delante de él repentinamente. Le hizo una pregunta, pero no recibió respuesta alguna. El padre ya estaba en la cama y, antes de que tuviera tiempo de asustarse, el chico se deslizó bajo las sábanas junto a él. Tenía el cuerpo tan frío como el hielo y estaba llorando. El padre, asustado, se levantó. El muchacho lo agarraba con fuerza y seguía llorando. El padre, que no pudo soportarlo, llamó a algunas personas para que vinieran en su ayuda. Vinieron a ver qué ocurría, pero el muchacho sólo era visible para su padre; los demás no vieron nada. Esto duró hasta aproximadamente el amanecer, luego el chico desapareció.
El padre dejó entonces su puesto y se volvió apresuradamente a casa. Cuando se hizo de noche, volvió a aparecer el muchacho en la casa paterna. En cuanto vio a su padre, se dirigió hacia él lleno de cólera. Pero la madre no veía ni oía nada. El padre terminó por ponerse enfermo y lo veía incluso a la luz del día.