Cuentos Chinos

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24. Una noche en el campo de batalla[81]

Érase que se era un comerciante que recorría el sur de Schantung con sus mercancías. Era más o menos la segunda noche que pasaba al aire libre cuando se desencadenó una fuerte tormenta por el norte. Vio una posada junto al camino, cuyas luces se acababan de encender. Se dirigió allí a tomar un trago y pidió albergue. Un anciano tuvo piedad de su mal estado y le dijo: «Acabamos de preparar una comida para guerreros que vienen de lejanas tierras y no nos queda nada de vino para vos, pero aquí al lado hay un cuartito en el que podéis pasar la noche». Con estas palabras lo guió a la habitación. El comerciante no podía dormir del hambre y de la sed que tenía. Fuera oía ruido de hombres y de caballos. Como no le parecía un asunto muy claro, miró por una rendija de la puerta y vio que toda la posada estaba llena de soldados sentados en el suelo comiendo y bebiendo y contando anécdotas de la guerra de las cuales él no sabía nada. Tras un momento se dijeron unos a otros: «¡Que llega el señor feudal!». Muy a lo lejos se oía la llamada del centinela. Todos se dieron prisa en seguirle y entonces vio una comitiva de linternas de papel; en medio de ella iba un hombre de larga barba con aspecto de guerrero. Descabalgó, entró y se sentó en el puesto más elevado. Los soldados estaban de pie junto a la puerta esperando sus órdenes; el posadero trajo vino y alimentos, que él masticó chasqueando la lengua.


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