Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El príncipe de los mendigos y su hija, para los que la baja escala social de la familia había sido durante mucho tiempo una espina clavada en el corazón, animaban a Mosü a estudiar con aplicación, porque esperaban que se hiciera un nombre y que así también la familia participaría de los honores. Le compraban libros viejos y nuevos a los precios más elevados y le daban cada vez más dinero para que se ocupara de importantes negocios. También le pagaron los derechos de examen. Así que su sabiduría iba aumentando de día en día y su fama se extendió por todos los alrededores. Aprobó todos sus exámenes uno tras otro y con veintitrés años fue nombrado oficial del registro civil de la región de Wu We: volvió de la audiencia del emperador montado en un caballo y vestido de fiesta.
Mosü era natural de Hangtschou; así que toda la ciudad supo enseguida que había aprobado los exámenes y la gente se apiñaba a ambos lados de la calle para verle cuando se dirigía a caballo a casa de su suegro. Los viejos y los jóvenes, las mujeres y los niños, se reunían para disfrutar del espectáculo. Un mirón despreocupado gritó: «¡El yerno del viejo mendigo ha obtenido un cargo oficial!».