Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En la parte más alejada del norte hay una montaña muy alta; en ella, una caverna en la que está escrito: «La caverna de los Riñones». Delante de ella bailan diablillos. Sun Wu Kung les dijo: «¡Deprisa, decidle a vuestro rey de los demonios que me devuelva a mis súbditos!». Los diablillos, asustados, fueron a comunicarlo dentro de la cueva. Allí estaba el rey de los demonios con su espada ante él. Salió. Pero era tan grande y tan gordo que no podía ver a Sun Wu Kung. Llevaba una armadura negra que le cubría de los pies a la cabeza, y su rostro era tan negro como la base de una cacerola. Sun Wu Kung le dijo: «¡Maldito demonio!, ¿adónde miras, que no ves al viejo Sun?». Entonces el demonio miró al suelo y vio un mono de piedra que estaba de pie delante de él, vestido con ropa roja, un cinturón amarillo y con botas negras. El rey de los demonios se echó a reír y le dijo: «Ni siquiera mides cuatro pies y no tienes más de treinta años, no tienes armas en la mano y ¡te atreves a armar todo este jaleo!». Sun Wu Kung le respondió: «Si te parezco muy pequeño puedo hacerme más grande. No desconfías de mí porque no llevo armas, pero con mis dos puños puedo golpear hasta el cielo». Y, al decirlo, se inclinó, cerró los puños y empezó a propinarle una paliza al demonio. El diablo era grande y tosco, pero Sun Wu Kung saltaba con destreza a su alrededor. Le golpeó entre las costillas y le dio en el flanco, y sus golpes eran cada vez más fuertes. El diablo, desesperado, alzó su gran cuchillo y lo empuñó dirigiéndolo a la cabeza de Sun Wu Kung. Pero él desvió el golpe y puso en juego sus transformaciones. Se arrancó un cabello, se lo metió en la boca. Lo masticó, luego lo escupió al aire y dijo: «¡Transfórmate!». Y se convirtió en cientos de monitos que golpeaban al demonio por todo el cuerpo. Sun Wu Kung tenía ochenta y cuatro mil cabellos en el cuerpo, cada uno de los cuales podía transformarse. Los monitos saltaban como flechas alrededor de él con sus ojos penetrantes, rodeaban al rey de los demonios por todas partes, le desgarraban las vestiduras y se le agarraban a las piernas, hasta que al final el grandullón cayó al suelo. Entonces apareció Sun Wu Kung delante de él, empuñó su cuchillo en la mano y le cortó la cabeza como si repartiera un melón. Luego se apresuró a entrar en la cueva y liberó a sus súbditos prisioneros. Volvió a guardar los cabellos que se transformaban, hizo fuego y quemó la caverna de los Riñones hasta que no quedó nada. Luego cogió a los monos liberados y los condujo en un viento de tormenta a su caverna en la montaña de las Flores y de los Frutos, donde fue recibido con alegría por todos los monos.