Cuentos Chinos

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Tsin Schi Huang se asustó mucho e hizo que volvieran a cerrar la tumba. Cuando iba de camino hacia Schakaiu contrajo unas fiebres y murió.

Cuando Dscung Li I fue elegido rey tras la dinastía Han, pagó de su propio bolsillo la cantidad de diez mil monedas para que se construyera un edificio superpuesto al templo de Confucio, mejorándolo. Al construirlo encontraron la litera de Confucio, su mesa, su jergón, su espada y sus zapatos. Un trabajador del templo llamado Dschang Be, que estaba cortando el césped de delante del edificio principal, encontró en la tierra siete cetros de nefrito. Uno se lo guardó para él y los otros se los llevó a Dscung Li I. El rey los hizo poner en la mesa de Confucio. Esta mesa se encontraba en el edificio en que él había impartido sus enseñanzas. Junto a las paredes también había una cama. Encima de la cama colgaba un gran tonel. Dscung Li le preguntó al guardián del templo qué era aquello. Él le respondió: «Es el legado que nos dejó Confucio. Hay una inscripción, por lo que no me he atrevido a abrirlo».

Dscung Li le dijo: «El maestro era un hombre santo, quizás ese tonel contenga enseñanzas que haya que mostrar al mundo».


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