Cuentos Chinos
Cuentos Chinos «No, no es nada elevado. ¡Nada elevado! —le respondieron—. No está dentro de la lista de las categorÃas, sino que es un puesto situado mucho más por debajo. Sólo tenéis que ocuparos de los caballos: si engordan recibÃs una buena nota; si adelgazan, se ponen enfermos o se caen, el castigo es inmediato».
El rey mono se enfadó: «¡Tratarme tan mal a mÃ, al viejo Sun! —dijo—. En mi montaña yo era el rey, el padre. ¿Para qué necesita ése traerme a su cielo para que alimente a los caballos? ¡No lo seguiré haciendo! ¡No lo seguiré haciendo!».
Y ¡ay, qué cosas!, se subió a la mesa, se sacó el palo con las agarraderas de oro de detrás de la oreja, lo hizo crecer y golpeó con él un camino que llegaba hasta la puerta sur del cielo. Nadie se atrevió a detenerle.
Y al instante se encontró de nuevo en su montaña, y los suyos le rodeaban y le preguntaban: «Habéis estado diez años ausente, gran rey, ¿por qué no habéis venido hasta ahora?».
El rey de los monos dijo: «Estuve unos diez dÃas en el cielo. Ese Señor del Cielo no sabe cómo tiene que utilizar a su gente. Me hizo señor de las caballerizas, tuve que dar de comer a sus caballos. Me avergüenzo mortalmente, pero no me he dejado hacer y ahora he vuelto».