Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Cuando se aproximaron a la casa del guardián del paso, empezaron a aparecer nubes rojas en el cielo. El guarda conocía los signos y supo que se aproximaba un hombre santo. Así que le salió al encuentro y lo invitó a su casa. Le preguntó por la sabiduría secreta. Lao Tse sacó la lengua y no dijo nada. A pesar de todo, el guarda le albergó en su casa con los mayores honores. El servidor de Lao Tse le contó al criado del guarda que su señor le debía mucho dinero y le pidió que intercediera en su favor. Cuando el criado oyó a cuánto ascendía la gran suma, le atrajo tener a un hombre tan rico por yerno, y le concedió la mano de su hija. Al final, la cosa llegó a oídos del guarda y se presentó con el mozo ante Lao Tse, que le dijo a su mozo: «¡Pícaro! Tú habrías muerto hace tiempo. Te tomé a mi servicio, y como era pobre y no podía darte dinero, te he dado a comer la magia de la vida. Por eso estás hoy vivo. Te dije: “Si me sigues al oeste, al reino de la calma del espíritu, te pagaré tu salario en oro amarillo”, pero tú no quisiste». Mientras decía estas palabras, le golpeó al mozo en la mejilla, entonces abrió la boca y cayó al suelo la magia de la vida. Todavía hoy se puede ver escrito en caracteres de cinabrio, tan bien conservado como si fuera reciente. El mozo se vino abajo de una sola vez y se convirtió en un montón de huesos. El guarda se echó al suelo y pedía gracia por él. Le prometió a Lao Tse pagarle al mozo y le pidió que le volviera a la vida. Entonces Lao Tse realizó una fórmula mágica bajo los huesos y al instante el mozo volvió a la vida. El guarda recompensó al mozo y le dejó marchar. Luego honró a Lao Tse como maestro y éste compartió con él el arte de la vida inmortal y le dejó sus enseñanzas en cinco mil palabras que el guarda hizo poner por escrito. El libro en el que están estas enseñanzas recibe el nombre de Sobre las facultades sensitivas y la vida. Después Lao Tse desapareció del mundo de los hombres.