Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La pobrecita se vio abandonada a la entrada del bosque, se sentó bajo un pino, estremecida de frío y empezó a rezar en voz baja sus oraciones. De pronto percibió un rumor extraño. Morozko estaba crepitando en un árbol vecino y saltaba de rama en rama haciendo chasquear los dedos. Y he aquí que, de salto en salto, se acercó al pino a cuyo pie se sentaba la muchacha y dando chasquidos con sus dedos se puso a brincar contemplando a la hermosa niña.

- ¡Mocita, mocita, soy yo, Moroz Narizrubia!

- ¡Buenos días, Moroz! Dios te envía para consuelo de mi alma pecadora.

- ¿Estás caliente, mocita?

- ¡Caliente, caliente, padrecito Morozushko!. Moroz empezó a bajar crepitando con más ruido y chasqueando los dedos con más alegría. Y de nuevo habló a la muchacha:

- ¿Estás caliente, mocita? ¿Estás caliente, preciosa?

La niña apenas podía respirar, pero siguió diciendo:

- ¡Sí, caliente, Morozushko; caliente, padrecito!

Morozko crepitó con más ruido e hizo chasquear los dedos con más entusiasmo, y por última vez preguntó:

- ¿Estás caliente, mocita? ¿Estás caliente, preciosa?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker