Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La pobrecita se vio abandonada a la entrada del bosque, se sentó bajo un pino, estremecida de frÃo y empezó a rezar en voz baja sus oraciones. De pronto percibió un rumor extraño. Morozko estaba crepitando en un árbol vecino y saltaba de rama en rama haciendo chasquear los dedos. Y he aquà que, de salto en salto, se acercó al pino a cuyo pie se sentaba la muchacha y dando chasquidos con sus dedos se puso a brincar contemplando a la hermosa niña.
- ¡Mocita, mocita, soy yo, Moroz Narizrubia!
- ¡Buenos dÃas, Moroz! Dios te envÃa para consuelo de mi alma pecadora.
- ¿Estás caliente, mocita?
- ¡Caliente, caliente, padrecito Morozushko!. Moroz empezó a bajar crepitando con más ruido y chasqueando los dedos con más alegrÃa. Y de nuevo habló a la muchacha:
- ¿Estás caliente, mocita? ¿Estás caliente, preciosa?
La niña apenas podÃa respirar, pero siguió diciendo:
- ¡SÃ, caliente, Morozushko; caliente, padrecito!
Morozko crepitó con más ruido e hizo chasquear los dedos con más entusiasmo, y por última vez preguntó:
- ¿Estás caliente, mocita? ¿Estás caliente, preciosa?