Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El pequeño Kuzma se puso a serrar con todas sus fuerzas los pilares, hasta que el puente se vino abajo con un crujido.
- ¡Ahora desnúdate, arroja el caballo y todas tus prendas al agua y revuélcate por la arena hasta que yo vuelva!
Dicho esto, la raposa echó a correr hacia el castillo donde esperaban el Zar y la Zarina, y se puso a gritar desde lejos:
- ¡Eh, padrecito! ¡Qué desgracia! ¡Socorro, socorro!
- ¿Qué sucede, raposita? -Preguntó el Zar.
- Que los puentes de vuestros dominios no son bastante fuertes. ¡Vuestro futuro yerno venía con todas sus riquezas y ese dichoso puente se hundió bajo el peso y toda la riqueza y toda la gente se ha ido al agua, y mi mismo amo yace junto al puente más muerto que vivo!
El Zar promovió un gran alboroto y chilló a los criados gritando:
- ¡Daos prisa, daos prisa, no perdáis tiempo; tomad de mi guardarropa lo necesario para Kuzma Skorobogati y preservadlo de todo mal!