Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Después de largas reflexiones llegó a una determinación. Volvió a enterrar el tesoro, echó encima unas cuantas ramas y regresó al pueblo. Enseguida fue al mercado y compró una liebre y un besugo vivos, volvió al bosque y colgó el besugo en lo más alto de un árbol y metió la liebre en una nasa que dejó en un puesto poco profundo del río.
Hecho esto se dirigió al pueblo haciendo trotar su caballejo por pura satisfacción y entró en su cabaña.
- ¡Mujer, mujer -gritó,- acabo de tener una suerte loca!
- ¿Qué te ha pasado, qué te ha pasado, hombre? ¿Por qué no me lo cuentas?
- ¿Qué te he de contar, si enseguida propalarías el secreto?
- Palabra de honor que no diré nada a nadie. Te lo juro. Si no me crees, estoy dispuesta a descolgar la santa imagen de la pared y a besarla.
- ¡Bueno, bueno; escucha! -consintió el hombre. Y acercando los labios al oído de su mujer le susurró: -He hallado en el bosque uno caldera llena de oro y plata.
- ¿Por qué no la has traído aquí?
- Porque será mejor que vayamos los dos juntos a buscarla.
Y el buen hombre fue con su mujer al bosque. Por el camino el labrador dijo a su mujer: